Tratamiento ortomolecular para fortalecer el sistema inmunitario en otoño e invierno

Tratamiento ortomolecular para fortalecer el sistema inmunitario en otoño e invierno

Con la llegada del otoño y el invierno, nuestro cuerpo se enfrenta a una serie de desafíos: bajan las temperaturas, pasamos más tiempo en espacios cerrados y el contacto con virus y bacterias aumenta. En esta época del año, es normal notar más cansancio, cambios en el ánimo o sufrir resfriados y gripes con mayor frecuencia. Por eso, es fundamental preparar y reforzar nuestro sistema inmunitario antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Una forma natural y efectiva de hacerlo es mediante la medicina ortomolecular, un enfoque terapéutico que busca aportar al organismo las sustancias que necesita, como vitaminas, minerales, aminoácidos y otros nutrientes esenciales.  Además, es importante hacerlo en las cantidades adecuadas para optimizar su funcionamiento y prevenir desequilibrios. Cuando el cuerpo dispone de todos los nutrientes en las dosis óptimas, tiene la capacidad de autorregularse, reparar tejidos y defenderse frente a agentes externos.

No se trata solo de “tomar vitaminas”, sino de proporcionar al organismo los nutrientes exactos que necesita en cada momento, corrigiendo posibles déficits o desequilibrios que pueden afectar al sistema inmune, al estado de ánimo o al nivel de energía.

En otoño e invierno, este enfoque cobra especial relevancia, ya que el estrés, la menor exposición al sol y los cambios en la alimentación suelen provocar carencias nutricionales que debilitan nuestras defensas.

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Nutrientes clave para reforzar las defensas

Estos son algunos de los principales nutrientes recomendado en un tratamiento ortomolecular para fortalecer el sistema inmunitario en otoño e invierno:

1. Vitamina C, la clásica aliada de las defensas

La vitamina C es probablemente el nutriente más conocido cuando hablamos de inmunidad. Actúa como antioxidante, protege las células frente al daño oxidativo y estimula la producción de glóbulos blancos.

Además, ayuda a regenerar otros antioxidantes como la vitamina E y mejora la absorción del hierro, esencial para mantener la energía. En medicina ortomolecular se emplean dosis algo más elevadas que las habituales en la dieta, siempre ajustadas al individuo.

Fuentes naturales: cítricos, kiwi, fresas, pimientos y verduras de hoja verde.

2. Vitamina D, imprescindible en los meses de menos sol

Durante el otoño y el invierno, la exposición solar disminuye y con ella los niveles de vitamina D, un nutriente clave para la función inmunológica.

Esta vitamina interviene en la activación de los linfocitos T, células encargadas de detectar y eliminar patógenos. Un déficit de vitamina D se asocia a una mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias y a un ánimo más bajo.

En muchas personas, es recomendable suplementar la vitamina D3 durante los meses fríos, tras una valoración profesional.

3. Zinc, el mineral de las defensas

El zinc participa en más de 300 reacciones enzimáticas del organismo y es esencial para el desarrollo y la función de las células inmunitarias.

Su déficit puede manifestarse con uñas frágiles, caída del cabello, heridas que cicatrizan lentamente o mayor propensión a resfriarse.

Incluir en la dieta alimentos como semillas de calabaza, legumbres o marisco es fundamental.

4. Selenio, el guardián antioxidante

Este mineral trabaja en sinergia con la vitamina E y contribuye a proteger las células frente al estrés oxidativo. También tiene un papel importante en la respuesta inflamatoria y en la función tiroidea, muy relacionada con la energía y la regulación metabólica.

Aunque es muy común recurrir a los complementos, es interesante saber que el selenio también puede obtenerse a través de la alimentación. Algunos de los alimentos más ricos en este mineral son las nueces de Brasil; pescados como el atún, las sardinas y el salmón; huevos y carnes magras.

5. Probióticos, la base intestinal de la inmunidad

El intestino alberga cerca del 70% de las células del sistema inmunitario. Por eso, mantener una microbiota intestinal equilibrada es esencial para tener buenas defensas.

Los probióticos (bacterias beneficiosas) ayudan a reforzar la barrera intestinal, reducen la inflamación y modulan la respuesta inmunológica. Un tratamiento ortomolecular integral suele incluir cepas específicas como Lactobacillus rhamnosus o Bifidobacterium lactis, especialmente recomendadas en épocas de mayor vulnerabilidad.

6. Ácidos grasos omega-3

Los omega-3 (EPA y DHA) tienen un papel antiinflamatorio y regulador del sistema inmunitario. Además, contribuyen al bienestar general, mejoran el estado de ánimo y apoyan la salud cardiovascular.

En invierno, pueden tomarse en forma de aceite de pescado purificado o de microalgas, una alternativa vegetal.

Cada persona es diferente, y por eso los tratamientos ortomoleculares deben adaptarse a las necesidades individuales. En Farmacia Miquel, podemos ayudarte a identificar posibles carencias, elegir los suplementos más adecuados y establecer un plan personalizado para reforzar tus defensas este otoño e invierno.

Nuestro equipo de profesionales te asesorará sobre cómo combinar vitaminas, minerales, probióticos y extractos naturales de forma segura y eficaz, para que tu organismo esté preparado frente a los cambios de estación. Visítanos, porque cuidar tu sistema inmunitario no es solo prevenir resfriados: es invertir en tu bienestar general, tu energía y tu calidad de vida durante todo el año.

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